Un estudio realizado por astrónomos de la Universidad Estatal de Texas-San Marcos determina que la Luna podría haber tenido algo que ver en el hundimiento del Titanic.
A través de una serie de técnicas más parecidas a las de los detectives que a las de un científico, han logrado descubrir que el 4 de enero de 1912 (cuatro meses antes de la tragedia), la Luna y el Sol se alinearon en un modo en el que los tirones gravitatorios de uno y de otro se reforzaban.
El perigeo de la Luna (su acercamiento máximo a la Tierra) fue el más cercano en 1.400 años, y se produjo a menos de seis minutos de una Luna llena; mientras que el perihelio de la Tierra (máximo acercamiento al Sol) se produjo el día anterior.
Estas circunstancias fueron las que provocaron una marea inusualmente alta, lo que provocó que muchos icebergs, que en esa época se quedan atascados en aguas poco profundas, se derritieran lo suficiente como para viajar hacia las corrientes oceánicas del sur en donde, en abril de 1912 se encontraron con el Titanic.






