Un equipo de astrónomos pudo presenciar, en tiempo real, cómo un agujero negro supermasivo se traga una estrella. Es un evento excepcional en el cosmos que, según señalan los científicos en un artículo publicado en Nature, sólo se produce, de media, una vez cada 10.000 años en una galaxia.
Los agujeros negros supermasivos tienen una masa de entre un millón y mil millones la de nuestro Sol, se encuentran en el centro de la mayor parte de las galaxias del Universo y se detectan gracias a la intensa radiación que emiten cuando aspiran el gas situado a su alrededor. Cuando su entorno es pobre en gas, su radiación es débil. Es particularmente difícil estudiar los agujeros negros durmientes.
El 31 de mayo de 2010 detectaron, gracias al telescopio Pan-STARRS 1, en Hawai, un resplandor en el corazón de una galaxia situada a 2.700 millones de años-luz. La luz fue haciéndose progresivamente más intensa, alcanzado su punto culminante el 12 de julio de ese año, antes de ir apagándose paulatinamente. El agujero negro supermasivo observado tenía una masa tres millones de veces superior a la de nuestro Sol.
La estrella devorada por este agujero negro estaba tan cerca de él que las fuerzas generadas por el campo de gravidez de este monstruo cósmico la han desmantelado literalmente. El gas que conformaba esta estrella ha sido aspirado por el agujero negro, provocando tal aumento de la temperatura que el fenómeno ha podido ser observado por los astrónomos.






