Unos investigadores han descubierto en el este de Australia un cementerio de wombats gigantes, marsupiales de dos toneladas y gran tamaño que poblaron el país durante milenios hasta extinguirse con la aparición del ser humano. El depósito de fósiles, situado en una zona remota del Estado de Queensland, contiene unos cincuenta esqueletos, entre ellos el de un espécimen imponente, dotado de una mandíbula de 70 cm de largo.
El esqueleto de ese espécimen, bautizado Kenny por los científicos, es uno de los mejores preservados, indicó Scott Hocknull, del museo de Queensland en Brisbane.
El sitio contiene la mayor concentración de fósiles de estos animales jamás descubierta en Australia, y podría aportar informaciones sobre el modo de vida y el final de los diprotodontes, el otro nombre dado a los wombats gigantes.
El investigador describió el diprotodonte, un herbívoro, como un cruce entre el wombat actual y un oso, del tamaño de un rinoceronte. El marsupial estaba dotado de una bolsa ventral suficientemente grande para acoger a un humano. El diprotodonte, de un peso de 2,8 toneladas, es el marsupial más grande que habitó en la Tierra, durante un período de dos millones de años, hasta hace 50.000, al final del Pleistoceno. Se extinguió al aparecer las primeras tribus indígenas.
Entre los descendientes de los diprotodontes figuran los koalas y los actuales wombats, mucho más pequeños que sus ancestros, ya que estos marsupiales de patas cortas y musculosas pesan entre 20 y 35 kilogramos y miden un metro de alto. Se les encuentra en el sureste de Australia y en un parque protegido en el centro de Queensland.
Además de los wombats, los paleontólogos encontraron muchos otros huesos, como por ejemplo los dientes de un varano gigante de seis metros, llamado megalania, y los dientes y placas óseas de un enorme cocodrilo de aquella época. Es probable que los diprotodontes quedaran varados en esa zona, en la que se refugiaron para escapar a una sequía extrema en un período de cambio climático en Australia.
El sitio contiene también restos de canguros gigantes, llamados protemnodon, de unos 250 kg de peso, así como las osamentas de pequeñas ranas, roedores y peces, un hallazgo interesante al tratarse de una región muy árida.






