No nos tiene que importar pensar diferente, nos tiene que importar que pensemos.
En un video anterior en el que Luigi dió su opinión sobre la cumbia generaron una serie de interesantes repercusiones. En este video analiza una de las argumentaciones a favor de la cumbia, la cual es muy interesante. La autora de este texto es Vanesa López, periodista salteña; a continuación citamos el mismo:
Escucho cumbia, ¿y qué?
He leído por las redes sociales los argumentos que sostienen algunas personas para expresarse en contra de un género musical como es la cumbia argentina. Por supuesto que respeto las diferentes posturas pero no comparto en absoluto.
Me pregunto, ¿se puede criticar el ritmo, el sonido, la onda y el estilo propios de un género musical? Me parece que la gente que entienda sobre determinada expresión musical podrá opinar con total autoridad sobre el género que conoce, y podrá decir si está en decadencia, desapareciendo o en auge, pero los que somos simples “escuchadores” sólo podemos decir si nos gusta o no; y en el último caso cambiar el dial de la radio.
Considero que cada género representa e identifica a una parte de la sociedad, de una determinada edad, país y clase social. Pero, más allá de eso, somos libres de elegir la música que nos provoque alegría o motive en algún momento en particular.
¿Me van a hablar de que la cumbia tiene letras que hacen apología a la delincuencia, droga, choreos, sexo, prostitución, etcétera? Pero, ¿acaso en la sociedad no hay todo eso? ¿Otros géneros musicales no hablan de la droga? Quisiera saber que música les gusta a todos aquellos que JUZGAN a la cumbia.
Cumbiancheros vs "juzbiancheros"
Los que escuchamos el “tchi tchi tchi tchi”, observamos que de los últimos 20 años, más o menos, se puede diferenciar la famosa “cumbia de los ‘90”, representada por grupos como Karicia, Amar Azul, Karioma, Ciclón, La Nueva Luna, Antonio Rios, Sombras, entre otros, algunos siguen vigentes.
Y desde el 2001 se dio lugar a la “cumbia villera”, creada de la mano de Damas Gratis, Pibes Chorros, Supermek2, Yerba Brava, etcétera. Dos estilos de cumbias diferentes porque apuntan a expresar distintos sentimientos y realidades… pero nada más. ¿Recuerdan el contexto social, político y económico en el cuál estuvimos cuando surgió la cumbia villera?
Escucho cumbia y sin embargo no todos los grupos de los ’40, ’90 o de cumbia villera me gustan, algunos sí y otros no.
Lo que sí es una realidad es que la cumbia villera, surge precisamente en las villas, donde todos sabemos que, lamentablemente, viven una realidad difícil, donde convive la delincuencia y la droga.
Inclusive muchos integrantes de estos grupos pertenecen a esas villas y hasta quizás, alguna vez, fueron”chorros”, pero a través de la música o ese instrumento que no saben tocar bien, porque cómo no fueron ni a la escuela menos a una academia de música, encuentran un pasatiempo y deciden expresar lo que viven o sienten. ¿Está mal eso?
¿- cumbia + neuronas?
Si defenestramos a la cumbia villera estamos en el camino equivocado, me parece que deberíamos criticar a aquellos que permiten que exista cada vez más exclusión social, maltrato, inseguridad y droga, porque no provoca otra cosa que mayor marginalidad y pobreza, y esto sí “mata vidas”, más que neuronas.
Si muchos valores se perdieron, no es precisamente por culpa de la cumbia villera, si vemos en los medios de comunicación, cotidianamente son más protagonistas las historias de sobrevivencia de familias “cartoneras” o que viven de la “basura” y no del equipamiento en hospitales o herramientas necesarias para las escuelas rurales. ¿Esto es culpa de la cumbia villera? Que yo sepa todavía no existe el “Cumbia para Todos”.
No me parece mal que las personas de todas las clases sociales puedan expresar lo que sientan o piensen a través de la música, ¿acaso la música no termina siendo un producto cultural?, ¿las villas junto con sus pobres, no forman parte de la sociedad y de la cultura argentina?
No por escuchar “se te ve la tanga”, “si tu viejo es zapatero, zarpale la lata”, “encontré la solución al problema de la resaca, me mantengo en la joda borracha”, “en los pasillos de la villa se comenta que el pibe cantina se ganó la lotería ya no anda en su bici despintada”, etcétera, no por eso voy a hacer todo lo que escucho o lo que me digan, ni mucho menos siento que tenga menos neuronas.
Entiendo que algunos no soporten el “tchi tchi tchi”, pero criticar el típico pasito “tun tun” de la cumbia, ya es mucho, señores. Y la explicación es simple y sencilla, porque la cultura de la cumbia también tiene sus propios términos, códigos, seguidores y estilo para bailarlo, y no a cualquiera le sale bien… je.
Cuando hago el típico pasito no me siento que esté triste, depresiva, aburrida, o lo que fuese, es más me rio y lo disfruto con mis amigos mientras lo bailo.
Por una sociedad más inclusiva y menos discriminativa
Lo que deberíamos entender es que no a todos nos puede gustar lo mismo, y en este caso, los “juzbiancheros” que parece que hasta son médicos, porque acusan de que los “cumbiancheros” tenemos menos neuronas, deberían relajarse un poco más, aceptar que hay gente que es profesional, tiene un promedio 8 en el colegio, es padre responsable, hija educada, etcétera y puede escuchar “la cumbia villera”; como así también hay gente que no estudia, es irresponsable y vaga que también escucha Rock and Roll todo el día o vive de peña en peña.
Los invito a que me miren como hago el pasito “tun tun”, y verán que no me idiotizo ni me vuelvo mediocre, máxime se reirán… No los quiero ver después a los "juzbiancheros" con dos vasos de más cantando "yo tomo licor" y bailando mejor que yo.
Si la cuestión acá es hacer una sociedad con otros valores, empecemos por ver a quienes votamos cuando hay elecciones, pensemos que hacemos por nuestro prójimo y gastemos el tiempo ayudando a los más necesitados y los que podemos tener la posibilidad de concientizar reclamemos con más fuerza por aquellos que necesitan un trabajo, unas zapatillas para ir a la escuela, un tomógrafo en pueblos alejados de la ciudad, alimentos para los comedores, etcétera, para que no sigan contando y CANTANDO historias de “sobrevivencia”.






